EL ECONOMISTA – “La formación a nivel mundial está muy lejos todavía de lo que va a pasar en 50 años”

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“La formación a nivel mundial está muy lejos todavía de lo que va a pasar en 50 años”

Desarrollar un proyecto innovador que pueda cambiar la sociedad es el sueño de todo científico. Encontrar la financiación para poder darle forma es su mayor obstáculo. En este contexto nace Kiatt (Knowledge, Innovation And Technology Transfer), un grupo de empresas de base tecnológica y científica respaldadas por empresarios e industriales y dirigido por Manuel Fuertes. El presidente de Kiatt -que también ejerce como Senior Advisor en Oxentia, Oxford University Innovation- es considerado como uno de los visionarios del sector: no se centra en ver el desarrollo de la ciencia a largo plazo, quiere resultados para las próximas décadas.

¿Qué es Kiatt?

Es un proyecto que surge de expertos de la Universidad de Oxford hace ya 15 años. Vimos que había una oportunidad muy buena de identificar proyectos científicos para convertir en compañías. Hoy en día somos un grupo de 22 empresas por todo el mundo que proviene de nuestro trabajo: buscar hallazgos científicos, un inversor, un gestor y transformarlo en una empresa que podamos lanzar al mercado. Nuestro activo principal es la patente, nosotros sólo invertimos en monopolios legales porque así aseguramos la viabilidad del proyecto. De cada inversión lo que hacemos es identificar qué productos podemos poner en el mercado. Trabajamos todas las áreas de la ciencia con excepción del software, que no es patentable.

¿Cómo es su base inversora?

Tenemos un grupo de más de 100 inversores, sobre todo grandes familias industriales que ya han montado empresas, en muchos casos de la nada. Ahora ya contamos con 20 inversores españoles. Siempre entramos en minoría en los proyectos: la empresa es del investigador y lo sigue siendo durante varias rondas de financiación. Nosotros hacemos varias recomendaciones serias de cómo hay que llevar la empresa a mercado. Además, pongo un 10 por ciento de todas las inversiones que hacemos para que los investigadores vean que me involucro presonalmente y creo en el proyecto.

En España se patenta muy poquito, aunque hemos mejorado”

¿Cómo saben cuál de todos los proyectos que detectan es el que va a funcionar en el mercado?

Tenemos una red de más de 350 universidades y centros de investigación por todo el mundo. Lo que hacemos es trabajar con muchos colaboradores que son analistas y expertos en transferencia tecnológica en todo el mundo. Son capaces de valorar no sólo el valor intrínseco de la tecnología, que es muy importante, sino el nivel que le podemos dar de protección, y lo más difícil, que es el ratio de adaptación tecnológica. Hay muchas tecnologías que se lanzan al mercado y no tienen un beneficio en unos años que pueden ser los que pueden tener beneficio para todos los accionistas. La patente dura 20 años, nuestro trabajo es, entre 3 y 5 años, darle un valor económico a ese producto científico.

¿Las universidades no llegan a desarrollar toda esa iniciativa empresarial?

Las universidades de todo el mundo tienen las oficinas de transferencia tecnológica y lo que hacen es poner en valor algunos proyectos de la ciencia que son los que se aproximan a estos centros. Nosotros lo que hacemos es colaborar con ellos, pero además vamos un poco más allá porque tenemos especialistas que buscan dentro de los cajones para sacar patentes que de otra forma se quedarían ahí. En el caso de España se patenta muy poquito.

¿El científico español no es consciente de la importancia de patentar?

En España hay mucho que patentar como en todos los países del mundo, pero probablemente haya más que la media porque tenemos una ciencia magnífica, pero a los científicos, los gestores y los políticos han alineado sus intereses a que publiquen en revistas científicas. Ahora se está patentando más, pero no se está haciendo con patentes de calidad, es decir, que tengan un valor comercial. Tenemos una ciencia magnífica y tenemos una gran oportunidad para que repercutan esos beneficios de la ciencia en el propio país. Es una oportunidad y un gran reto, todavía hay mucho por hacer.

¿Cómo ven si una patente es invertible o no?

Nosotros seguimos una metodología de la Oxford Innovation University, lo que evaluamos es si se ha producido una prueba de concepto, es decir, un prototipo que nos hace ver si toda esa teoría se traduce en algo que es demostrable. Después de hacer esta prueba de concepto lo que tenemos que ver es si es protegible: hay muchas cosas que se están investigando ahora mismo que ya han sido descubiertas. También miramos que los científicos estén involucrados en el proyecto, ya sea lanzándose con la empresa o dedicando mucho tiempo al proyecto empresarial que vamos a montar. Después hacemos un estudio de mercado donde llamamos a los potenciales inversores o compradores de este producto y empezamos a poner en valor todo ese plan de negocio para ver si cubre una potencial necesidad y quieren pagar por ello.

¿En qué sectores han invertido más? ¿Dónde habrá más oportunidades en los próximos años?

Tenemos mucha presencia en sectores de biotecnología que están dirigidos a los fármacos personalizados, terapias celulares… Estamos trabajando en ser los primeros fabricantes de biotintas del mundo para ser capaces de imprimir órganos y también en ser los primeros proveedores de carne en el mundo para poder acabar con el hambre en el mundo. Además, trabajamos en nuevos materiales, estamos muy involucrados en nanotecnología, nanorobots.
También estamos desarollando algoritmos para poder predecir la ruptura el error de máquinas y de personas, cuándo a una persona mayor le va a dar un ataque al corazón… Para 2017 estamos concentrándonos en algoritmos e inteligencia artificial. El IoT a nivel industrial es el que más va a crecer en los próximos años.

Me gustaría ver que se invierte en innovación tres veces más

¿Se está invirtiendo suficiente en innovación?

Falta mucho. Me encantaría ver tres veces más de lo que se está invirtiendo. De la investigación sale todo lo que nosotros hacemos. Los proyectos que funcionan, si no tienen un apoyo como nosotros, se quedan en el cajón. No se transfiere a la sociedad. La labor que hacemos nosotros es crucial porque hacemos ese puente hacia el mercado. ¿Falta investigación? A mí me encantaría ver como en el Gobierno de Singapur, que hay muchísimos proyectos de investigación que llegan a mercado. Pero, por mucha investigación que haya, si no hay transferencia, el país no avanza, siempre será un coste.

¿España está preparada para la llegada de la Inteligencia Artificial? ¿Es el recelo a los robots fundado?

Te puedo poner ejemplos de empresas que están mejorando la calidad de vida de los ciudadanos en general. En mi opinión, la tecnología en su gran mayoría es muy beneficiosa para la sociedad. Estamos viendo cómo los robots están sacando trabajos peligrosos, pero ahora casi todo está automatizado, lo llevamos viendo toda la vida. Yo pienso que es bueno, pero tiene una consecuencia en los trabajos manuales. Por ejemplo, cuando tengamos los coches o los camiones que se conducen solos, vamos a sacar de las carreteras a gente que está muy cansada y que probablemente no sea el trabajo de su vida. ¿Medidas que tenemos que tomar? La sociedad debe tomar una decisión muy importante: la de la renta básica. Tendremos que poner un subsidio a las personas que desplacemos de los puestos de trabajo, pero no un impuesto a la máquina. La tecnología siempre ha estado al servicio de la humanidad, pero siempre ha transformado los trabajos en puestos muy diferentes. Yo estoy en el lado de la tecnología, pero como sociedad tenemos que distribuir esa riqueza para que llegue a todo el mundo, especialmente aquellos cuyos empleos se están transformando.

“El Internet de las cosas a nivel industrial es el que más va a crecer”

Pero, ¿no sería más positivo formar a esos empleados?

Ahí viene un reto muy difícil que no sabría contestar. La sociedad debería estar hablando ya de cómo hacemos con todos los trabajos que se desplazan. En países como Finlandia o Estados Unidos ya se está probando la renta básica, ya hay datos de donde podemos empezar a hacer análisis. Deberíamos estar pensando, más que discutiendo los políticos si poner un impuesto al empresario, la sociedad completa qué vamos a hacer con la gente que estamos desplazando por la tecnología. Si estamos viendo hasta ahora un incremento rápido de los cambios en los trabajos, esto lo vamos a ver todavía más acelerado en los próximos años, porque vemos cómo la tecnología se está acelerando mucho más. No sólo a nivel fábricas. Es un problema que tenemos todos, no está a salvo nadie.

¿Cómo ve a la sociedad española en materia de formación?

Yo pienso que la formación actual está todavía muy lejos de todo lo que va a pasar dentro de 50 años. No creo que sea sólo un problema de España, creo que es un problema del mundo que está intentando saber qué modelo aplicar. El problema es que ninguno de mis colegas sabría decirte cuál va a ser el trabajo del futuro. Yo pienso que la formación que tenemos que dar tiene que tener unos pilares básicos que no pasa por ser los mejores en matemáticas, que también hay que serlo, pero probablemente tengamos que enseñar a los niños música desde muy pequeños para que sepan el valor de adaptarse, probablemente tengamos que enseñarles arte para que sepan el valor de lo imprevisto, el saber trabajar con culturas de todo el mundo… Esos pilares básicos hay que darles una vuelta para que sean capaces de emprender, adaptarse, dinámicos… Eso habría que meterlo en los colegios desde muy pequeñitos.

 

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